Tomás extendió el mapa sobre la mesa de la cocina. Siete casas estaban rodeadas con lápiz rojo. La suya era una. La de Emilia también. Había otras cinco
El coche negro redujo la velocidad. Teresa dejó de mirar a los agentes. Solo miraba al conductor. —No permitan que baje. Javier frunció el ceño. —¿Quién es? La
Elena no entendió por qué el rostro del comandante había cambiado tanto. Hasta ese momento Mateo Rivas había sido el hombre más difícil de leer de toda la
Iván seguía sosteniendo la fotografía cuando Rafael encendió la luz de la habitación. Nadie volvió a hablar durante varios segundos. Dentro no había nada parecido a lo que
Darío apretó la medalla dentro del puño. —Repítalo. Mateo no apartó la mirada. —Estuve con tu padre la noche que murió. Durante veintidós años, Darío había escuchado una
Ernesto no apartaba los ojos de aquella llave. —¿Quién te la dio? Elena cerró lentamente los dedos alrededor del pequeño objeto metálico. —Mi marido. El ruido de la
Mateo no tocó la carta durante varios segundos. Solo la miró. El nombre escrito en el sobre parecía pertenecer a otra vida. Daniel Rivas. Su hijo. Doce años
Elena Whitaker no apartaba los ojos de la fotografía. La sostenía con ambas manos. Le temblaban tanto que Miriam tuvo miedo de que el papel se rompiera. —¿Reconoce
Adrián volvió a mirar la fotografía. El edificio era inconfundible. Las mismas ventanas altas. La misma fachada estrecha. Incluso la pequeña columna de piedra situada junto a la
Tomás dejó de mirar al hombre que acababa de bajar del vehículo. Volvió los ojos hacia Elisa. La anciana todavía sonreía. Durante apenas unos segundos creyó que todo