—¿Dónde están mis hijos? La voz de Emilia apenas era un susurro. La enfermera no respondió de inmediato. En lugar de hacerlo, dirigió la mirada hacia Octavio Herrera.
Leon Arendt sintió cómo la sangre abandonaba su rostro. La imagen de la ecografía temblaba entre sus manos. Conocía perfectamente aquella fotografía. La había visto durante apenas unos
Alexander siguió a Clara en silencio hasta el consultorio. Su corazón latía con tanta fuerza que apenas podía escuchar las palabras de la doctora. «La enfermedad cardíaca de
Renata se sentó lentamente al borde de la cama. Sus manos temblaban. La vieja caja de metal permanecía abierta frente a ella. Encima había varias facturas. Debajo encontró
Rogelio se quedó mirando la memoria USB como si hubiera visto un fantasma. —¿De dónde la sacaste? —preguntó con la voz ronca. Mariana no respondió enseguida. Recorrió con
Alejandro no podía apartar la vista del dibujo. Sus manos comenzaron a temblar. —¿Dónde viste esa habitación? —preguntó una vez más. Lucía se encogió de hombros. —La señora
Gabriel Mertens nunca creyó en los fantasmas. Pero cuando el hombre bajó del todoterreno, durante un instante se quedó sin respiración. —¿Dario? Su hermano menor sonrió. Con la
Alejandro observaba fijamente la carta que sostenía entre las manos. Las palabras se desdibujaban ante sus ojos. «Si alguna vez me ocurre algo, por favor no llamen a
Valeria apenas pudo dormir aquella noche. Había empujado el armario contra la puerta del dormitorio y dejó su teléfono al alcance de la mano junto a la cama.
El auditorio estaba completamente en silencio. Anna permanecía detrás del atril, mirando directamente hacia la primera fila. Karin Hoffmann seguía intentando mantener una sonrisa. Thomas sostenía su teléfono