La gente inventa todo tipo de retos extraños, pero Justin Basl decidió poner a prueba algo que la mayoría de los hombres solo se toman en broma.
Escondió su maquinilla de afeitar, dejó de recortarse la barba por completo y se hizo una simple promesa: no tocarse la barba durante todo un año.

Al principio, Justin tenía un aspecto completamente normal. Nada hacía presagiar en qué se convertiría su rostro tras meses de crecimiento ininterrumpido.
Pero semana tras semana, la barba seguía creciendo.
Y más.
Justin no usó productos especiales, aceites secretos ni trucos complicados de cuidado. Simplemente dejó que la naturaleza siguiera su curso. Sin darle forma, sin recortarla, sin arreglar los bordes: absolutamente nada.

Por suerte para él, su barba creció espesa y rápidamente. Sus hormonas y metabolismo claramente le favorecieron, pues la transformación pronto se volvió imposible de ignorar.
Con el paso de los meses, la barba comenzó a dominar casi por completo su apariencia.
Al final del experimento, Justin apenas se parecía al hombre de principios de año. La barba se había vuelto enorme, atrayendo miradas allá donde iba.
Para demostrar que el reto era real, incluso grabó un video en cámara rápida documentando todo el proceso de principio a fin.
Según Justin, la parte física de dejarse crecer la barba no fue realmente difícil.
El verdadero problema era algo mucho más práctico.

Admitió que cualquiera que se plantee realizar un experimento similar debería asegurarse primero un trabajo estable, porque presentarse a las entrevistas con lo que describió como una «pala peluda» pegada a la cara no suele causar buena impresión a los empleadores.
Las reacciones de la gente fueron las esperables: sorpresa, confusión y muchas miradas fijas.

Pero lo más impactante de la historia llegó al final.
Tras pasar un año entero dejándose crecer la enorme barba, Justin decidió afeitarse de repente.
Y el resultado final dejó a muchos boquiabiertos.